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París

Montmartre, el otro París.

Montmartre, el otro París.
septiembre 16
14:56 2015

Al hablar de París, la mayoría de las personas (incluida yo, en un artículo anterior) os contarán lo magnífico que es ver los Campos Elísesos coronados por la Torre Eiffel, el hermoso paseo que es seguir la vera del Sena, lo fantasmagóricas y vivas que parecen las gárgolas de la Notre Dame de París, la opulencia majestuosa de la Ópera o del apabullante estallido de color y belleza que es visitar la Santa Chapelle.

Pero hoy no quiero hablaros de la opulencia parisina. Hoy quiero hablaros sobre ese barrio, ése rincón que, para mí, dió sentido a esa París de aromas bohemios y decadentes, de bailarines, literatos, cantantes, pintores; de todos esos artistas que abrieron una brecha en esa sociedad elevada en elegancia, normativa y etiqueta, y formaron un rincón de libertades. Esa París que todos tenemos en nuestro imaginario. Hoy, os hablo de Montmartre, el otro viaje a París.

Montmarte aún a día de hoy, parece detenido en el tiempo. Encaramado a una colina, se distingue perfectamente del resto de la ciudad de París. Es, como en sus comienzos, una pequeña gran ciudad dentro de una enorme ciudad. La arquitectura de sus casas es distinta, comenzando por su baja altura. Las fachadas están limpias de ornamentaciones y decoraciones ostentosas en piedra, son sencillas, humildes, casi como si se hubiesen preparado para ser grandes lienzos dispuestos para aquél que sintiera un arrebato de inspiración.

París. Calles de Montmartre.

París. Calles de Montmartre.

Las calles de Montmartre, esas que podrían decirse son las arterías principales, son largas pero muy estrechas. En ocasiones son cortadas abruptamente por otras que aparecen de la nada. Hay quiebros, requiebros y sinuosas curvas y callejones sin salida. Subes y bajas por esas calles compuestas de escaleras que simulan cascadas infinitas que salvaguardan los desniveles de ese monte al que se aferran y que se diría se vierten desde la mismísima Basílica del Sagrado Corazón. Esa enorme y distinguida mole de piedra blanca que dibuja una corona bizantina sobre Montmartre.

París. Basílica del Sacre Coeur

París. Basílica del Sacre Coeur en Montmartre.

Y sigues subiendo, y perdiéndote por esas estrecheces y recovecos hasta que llegas a la Plaza de Tertre (o familiarmente conocida como Plaza de los Pintores) y los colores y el olor almizcleño a óleos y café te absorben por completo. Las cafeterías y pequeños restaurantes rodean al acecho una plaza hoy inundada por turistas, una plaza que aún pelea por mantener sus orígenes humildes, mostrando el arte.

Tu mirada vaga sobre esas pinturas, perdiéndose entre colores que conforman paisajes imposibles, contemplando aquél retrato casi fotográfico, prendándose de ese dibujante que con trazos largos esboza el rostro de aquél que posa, o quedándose fascinada por la gentil delicadeza de ése otro que porta un pincel y detalla minuciosamente, rematando su obra.

París. Plaza del Tretre o Plaza de los Pintores .

París. Plaza del Tretre o Plaza de los Pintores de Montmartre.

Y mientras te embebes de todo ello tu mente se traslada en el tiempo y rondar esas calles se transforma en algo urgente. Porque así es Montmartre, te envuelve, lo hacen sus calles, y no puedes evitar tener la sensación de estar en un gran laberinto lleno de sorpresas. Un laberinto en el que estás deseando adentrarte aún más… y perderte.

Sobre el autor

Eva

Eva

Viajera insaciable y eterna estudiante de idiomas y culturas. Lingüista, traductora y fotógrafa amateur. Mi lema: Viajar para vivir y sentirse vivo.

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