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París

París o la extravagancia arquitectónica

París o la extravagancia arquitectónica
julio 28
15:23 2015

Creo que todos nos hacemos una idea de un lugar antes de marchar a él. No podemos evitar componer nuestro propio cuadro imaginario y yo elaboré mi pintura de París como la de una ciudad de aires bohemios, de pequeños cafés literarios, de artistas y músicos paseando por sus calles; una visión por demás romántica probablemente ensalzada por ese murmullo colectivo que así la vende al mundo y esos sobrenombres que tanto se le han adjudicado; París, la ciudad de la luz, la ciudad del amor.

Sin embargo, lo que encontré en París fué una ciudad pensada para ensalzar su lujoso poderío, engalanada a capricho y derroche, rebosante de opulencia, como si te mirase con descarados aires de superioridad. Y mi idea de París se resquebrajó como un espejo al que destruyes golpeándolo con una barra de hierro.

Pero como antigua estudiante de arte no puedo evitar destacar la arquitectura parisina y, particularmente, las que son las dos joyas imprescindibles en una visita a París.

La primera es la que para mí no tiene rival posible, una belleza inigualable, la que podría decirse es la perfección más absoluta de la arquitectura gótica, la Sainte Chapelle. Sus paredes teñidas del color de la sangre y de un azul ultramar que quedan relegados cuando nos encontramos ante una explosión de iridiscentes colores que se perfilan en hilos de oro, alzándose hacia un simulado cielo salpicado de miles de estrellas perfectas. Y no puedes evitar quedarte sin respiración, apabullado por esa luz que todo lo inunda.

Sainte Chapelle Paris

Sainte Chapelle

La segunda joya es la famosa Notre Dame levantada a orillas del Sena. Su valor reside en ser uno de los primeros monumentos góticos construidos en Europa y es mundialmente conocida por sus gárgolas de piedra que parecen vigilantes, protegiéndola, como si sus arquitectos hubiesen hecho un pacto con el diablo.

Pero la arquitectura de París posee otras grandes bellezas como el Palacio Garnier, conocido también como la Academia Nacional de Música, que derrocha en su fachada la importancia que la ciudad le concede a las artes escénicas, a la música, a la danza, al teatro. Blancos marmóreos, verdes que coronan sus cúpulas, y cornisas y brillantes esculturas que resplandecen como un sol impoluto. Y en su interior, sus salas parecen modeladas en oro puro.

Palacio e la música de paris

Palacio de la Música

O el magnífico Puente de Alejandro III dedicado al zar de Rusia que le concede su nombre, el más hermoso de la ciudad sin ninguna duda. Bronce dorado embellece las coronas y escudos que sostienen las ninfas del Sena y del Nevá (que conmemoran el hermanamiento franco-ruso), además de bañar a los cuatro pegasos alados que lo custodian en ambas orillas.

puente alejandro iii paris

Puente de Alejandro III

Y es que así es París, arquitectura excepcionalmente hermosa, que rebosa una elegancia opulenta. Una ciudad que parece haberse creado para ser admirada por el cielo y ser envidiada por el resto, nosotros los mortales. Una ciudad que rompió violentamente con la idea romántica de mi imaginario pero en la que pude hallar los resquicios bohemios de su humanidad allá, en las calles de Montmartre.

Sobre el autor

Eva

Eva

Viajera insaciable y eterna estudiante de idiomas y culturas. Lingüista, traductora y fotógrafa amateur. Mi lema: Viajar para vivir y sentirse vivo.

1 Comentario

  1. pradosmg2
    pradosmg2 agosto 13, 13:35

    Tengo que volver a esta ciudad. Porque cuando fui era muy joven y no recuerdo mucho de ella. Tan sólo la torre eifel

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